Wilmarie Yarian Hernández Franco
Departamento de Ciencias Políticas
Facultad de Ciencias Sociales, UPR RP
Recibido: 21/01/2026; Revisado: 08/04/2026; Aceptado: 06/05/2026
Es una rabia,
aquella que siento por dentro.
Hastiada y aborrecida
de que me utilicen.
Me exprime,
sin dejar caer una gota de saliva.
¿Será que tengo cara de marioneta?
Que bailaré al son de sus manos,
bajo el control de sus dedos.
Estirando mis hilos violentamente
hasta sacarme las costillas.
Siento cómo agarra mi cuerpo,
arranca mi corazón
y lo canibaliza como un salvaje.
Sin dejar caer ni un solo trozo.
Bebe de mi yugular,
su cáliz de salvación.
Solo queda un traje de carne sin vida.
A veces me pregunto si soy yo
la causante de mi deceso.
Yo permito que me abran,
que me estiren, que me toquen,
con la esperanza de que daré abasto.
Que por fin seré suficiente
para su incesante hambruna.
Que seré esa mujer que tanto deseaba,
que acabaré con su búsqueda.
En fin, no lo soy,
jamás lo fui, jamás lo seré.
Colgará mi piel en un armario,
junto a las otras marionetas rotas.
Me consumirán las larvas
este pellejo podrido,
con la misma incesante hambruna.
Sus mordiscos son más dulces,
gentiles, suaves como besos.
De mí solo quedará la percha
de la cual me cuelgo.
Seré una memoria en su subconsciente.
Mis gritos,
encerrados en un jarrón de cristal,
jamás serán libres…
Para avisarle a la mujer
en la puerta.
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