Relato de cómo me hice hombre

Kritzia Liz Adorno Rodríguez
Psicología / Programa de Estudios de la Mujer y del Género
Facultad de Ciencias Sociales / Facultad de Estudios Generales

Ya estábamos a punto de casarnos, apenas faltaban seis meses para el gran día. Gran día para ella quien se desvivía por la decoración, invitados, regalos, vestido de novia y vestidos para damas de honor. Detalles para mí un tanto triviales como el color de las cintas de los manteles, o el tipo de utensilio a utilizarse. Mis padres y sus excesivas amigas la ayudaban en todo, estaban con ella paso a paso desde que decidí comprometerla un 25 de diciembre. Me animé a hacerlo de la forma más tradicional posible, ya que ella es chica de padres católicos. Durante la celebración aproveché el momento para arrodillarme delante de ella y hacer un brindis por nuestra relación. Todos se maravillaron, no tanto por el compromiso sino por el hermoso y llamativo anillo que le compré. Sabía que su familia, y ella, eran personas de regalos costosos y una sortija de compromiso era algo de suma importancia. Desde que la conocí ella se convirtió en mi amiga, mi confidente, mi novia, el amor de mi vida. Siempre estuvo ahí, nunca me abandonó y era lo menos que podía hacer por ella. 

 

     La verdad, habíamos soñado con este día luego de una extensa y bonita relación de cinco años, pero había una duda que no me dejaba vivir en paz, que se había convertido en una de esas metas/obsesiones que uno debe cumplir antes de entrar en un matrimonio como para dejar cuentas claras. En mi caso debí haberlo hecho antes de comprometerme, pero mi poco sentido de decisión y mi temperamento melancólico no me lo permitieron. Más que duda era una curiosidad poco insaciable. Mientras pasaba el tiempo sentía que se hacía parte de mí, que tenía que salir de la duda, que tenía que vencer esa preocupación para sentirme realizado como hombre. Mis preocupaciones eran mayormente basadas en situaciones existenciales o peor aun lo que los demás pensarían, de la forma en que me mirarían, me mataba el vil pensamiento de sus ojos juzgadores. Me convencía a mí mismo diciéndome que se trataría de algo pasajero, de un evento único que no se repetiría nunca más.  Luego de pensarlo tantas veces tomé la segunda decisión más difícil de mi vida. La primera fue poner a dormir a mi perro por una grave enfermedad, en combinación con tomar una malísima decisión sobre mi futuro como doctor en clínica veterinaria porque sentía el dolor de los animales maltratados. Más que un activista social y vegano en contra del maltrato animal, era un médico frustrado que ama a los animales, pero que detesta la sangre, las agujas y la sarna humana. 

 

  «Eres muy sensible, los hombres se supone que sean fuertes». Eran sus constantes palabrerías y las de los otros médicos por ser el tonto de toda la vida. Ella en cambio amaba la profesión era fría para realizar incisiones finas y contundentes y no le interesaba mucho la defensa a los animales sino más bien curar las enfermedades o poner a dormir sino había remedio. En ese aspecto yo era más piadoso y trataba de hacer con ellos lo imposible, tanto que por impedir la muerte de unos cinco gatos enfermos terminé yo siendo su nuevo dueño, gastándome la mitad de mi salario mensual en cada uno de ellos. No puedo quejarme me hacen sentir feliz y satisfecho por haberles salvado la vida. 

 

  El día sábado 20 de octubre, faltando apenas tres meses para la boda,  decidí contarle a Vane. Esa mañana, Frida, mi gata, tuvo un dejavu de lo que sucedería pues solo me daba amor y se permitía a si misma sentir caricias cuando el ambiente se notaba sorpresivamente cargado. Yo más nervioso no podía sentirme y a la hora del break me llené de valor, y le pregunté: 

 

̶ Vane querida, ¿te espero a las 19:00 hoy en mi apartamento? 

̶ ¿Me tienes una sorpresa?, ¿iremos a algún lado para vestirme dressy?

̶ La verdad no, pensaba ver una película en la casa. 

̶ Ah, —exclamó ella con rostro cabizbajo— ¿pero no podemos salir aunque sea a comer y regresar? 

̶ No tengo muchas ganas, podemos por esta noche, ¿quedarnos en mi apartamento? 

̶ Como tú quieras mi amor. — Asintió ella y me besó los labios, saliendo de mi oficina. 

    

     En la tarde al salir de la oficina, nos preparé algo de comer para los dos y compré bastante vino porque claro popularmente se sabe que el alcohol ayuda a confesar verdades y relajar tensiones. Al filo de las 20:00, ella arribó algo retrasada por quehaceres olvidados en la oficina. Entró alborotada y con unas cuantas quejas encima, como de costumbre. Colocó su bolso en el sofá y me besó. Comimos, bebimos, hablamos, o más bien ella me habló de lo feliz que se sentía, o de que si el vestido era hermoso, entre otras cosas. Vimos una película cheesy de las que a ambos nos gusta en donde lloramos y reímos por igual una hora y media. Al finalizarla ella se abalanzó sobre mí y comenzó a besarme desenfrenadamente, yo trataba de detenerla, pero ella fue rápida y me desabotonó mi camisa, tragué bastante saliva y le dije: 

 

--Vane, hay algo que quiero decirte. 

̶ ¿No puede esperar?... tengo ganas de ti. 

̶ Tiene que ser ahora o sino me muero. –Con eso pude detener sus besos. Se puso sobre sus pies y me preguntó:

̶ ¿Estas bromeando? ¿Cómo que te vas a morir? 

̶  No me moriré literalmente. 

̶ Y entonces ¿qué es eso tan importante que me tienes que decir?

̶ Siéntate tranquila aquí a mi lado.

̶  Ok, me senté, ¿qué pasa? — Exhalé profundamente,  me levanté, me serví la copa de vino tinto completa, me lo bebí de una sola sentá y sin anestesia le expuse mi contraparte:

̶  Quiero tener relaciones sexuales con un hombre antes de casarnos. Es algo que tengo que hacer desde hace años.

Su rostro fue de sorpresa, de asombro, no se esperaba algo como eso. Recostó su espalda sobre el sofá, inhaló oxígeno y luego mirándome a los ojos me dijo: 

̶ ¿Hablas enserio?

̶  Sí. No bromearía con algo tan serio.

̶  Pero no entiendo ¿de dónde viene todo esto? ¿Acaso eres bisexual u homosexual y nunca me lo dijiste?

̶ Nunca he estado antes con un hombre. Es algo que quiero hacer, yo podría entender que no estés de acuerdo, pero solo sería algo de una sola vez y ya. Luego seguimos con nuestras cosas y nuestro matrimonio. 

̶ ¿Tu estas seguro de esto?

̶  Completamente. — Pensé que no lo aceptaría, pero luego de permanecer en silencio algunos cinco minutos, gritó: 

̶ ¡Hay que avanzar entonces porque apenas quedan tres meses para la boda! 

    

     Su entusiasmo me sorprendió y al cabo de algunos días me di cuenta de que ella solamente quería salir de esto rápido y continuar con los preparativos de la boda, sin percatarse de que para mí todo aquello era un proceso arduo y complejo. Tuve que explicarle ciertas cosas para que lo tomara con calma, porque así rush no podía ser. Al comienzo los primeros dos fines de semana fuimos a varios bares del ambiente, ella actuó como mi amiga mientras yo observaba el lugar. Vane no se sintió cómoda por las miradas atrayentes de las chicas y yo por mi parte era todo un niño poco experimentado y no sabía ni siquiera como mirar a un hombre a los ojos. Luego de pensar día tras día a Vane se le ocurrió la mejor idea en años: visitar a Adonis, la oveja negra de su familia (y pronto mía). Era homosexual desde los 13 años y vive con un hombre de 40 años, que todos decían que podía ser su padre, siendo el de 23. Los había visto apenas dos veces desde que comencé la relación con Vane porque nadie los menciona para nada, hasta creo que no están invitados a la boda. Decidimos visitarlo así de sorpresa una tarde. Le explicamos todo y más sorprendido él no podía estar, pero le pareció tierno y se atrevió a arrugarme los pómulos como si fuera un niño, cosa que a Vane le molestó y lo regañó diciéndole “no te emociones mucho que no es tu nueva conquista”.  

    

    Adonis me explicó ciertas cosas, pero delante de Vane no se atrevió a decirme mucho y antes de irnos sin que Vane se percatara me susurró al oído: “mañana ven sin ella”. Yo asentí con mi cabeza y al otro día regresé a eso de las cuatro de la tarde. Él estaba sólo porque su amado trabaja turnos rotativos.  

 

̶ Explícame a mí, sin ella, ¿porque todo esto?

̶ Yo… yo… no sé qué  me sucede… es algo que he querido hacer por años. Al principio todo comenzó con una simple curiosidad,  pero ha llegado al punto de obsesionarme. Mis ganas son inmensas, he soñado inimaginables veces con lo mismo y ya no puedo más. Tengo que hacerlo o no podré casarme con ella. 

̶  ¿Y no has pensado que si conoces a un hombre, éste quiera tener una relación seria contigo y no sólo jugar? 

̶  Esto para mí no es un juego.

̶  Pero él puede que lo tome como tal porque eres heterosexual. Corres el riesgo también de que te enamores o te guste tanto que no quieras regresar con Vane. 

̶  Son riesgos que estoy dispuesto a correr. 

̶  Jamás había visto un caso como el tuyo, ni tampoco una persona tan convencida, pero me parece interesante. Hubieses venido antes, siempre he estado aquí. … que te puedo decir… no hay mucha diferencia entre hombre y mujer. Así como las mujeres buscan amor, cariño, detalles, comprensión, atención, los hombres también buscamos lo mismo. Un trago, una mirada coqueta, un hola, un beso en la mejilla, un ¿cómo estás?, puede ser la clave para conocer a una persona. Es cuestión de atreverte. Dejar los miedos atrás, se más libre contigo y con tu propio cuerpo. Aquí te tienes que olvidar de lo que se dice de los hombres, cosas como no besarse con otro hombre, etc... 

 

    Hice tal como él me dijo y en el fin de semana fui con Vane a una discoteca. Esa noche conocí varios muchachos, hablé ciertas cosas, bebimos un rato pero lo peor de todo fue la borrachera arrastrá que cogió Vane. Al filo de la medianoche empezó a hacer todo un show, bailaba y se besaba con otros hombres mientras decía tonterías como: “Estoy molesta, mi boda es en tres meses y mi prometido me salió con que es gay”. Sentí una vergüenza tan grande, todos me señalaron, otros se rieron y otros me miraron mal. La cargué hasta el carro y la llevé a mi apartamento, al llegar se quedó dormida. Esa noche no pude pegar un ojo, la cabeza me daba vueltas, sentía como un roller coaster de emociones y sentimientos.  Mientras ella dormía la borrachera yo no dejaba de pensar en el compromiso, la boda, Vane y Adonis. Tanto fue que amanecí vomitando en el baño y Vane con un hangover cabrón peor al mío. La excusé en la clínica veterinaria y al regresar a mi apartamento en la tarde me encuentro con la escenita que me montó Vane y todo porque dejé mi celular debajo de la cama y Adonis se había gastado el límite de sus mensajes de texto, enviándome mensajes con contenido sexual. 

 

̶  ¿Que se ha creído Adonis? ¿Qué puede enviarte fotos de hombres desnudos y mensajes de sexo? 

̶  No sé por qué lo hizo, Vane. Yo le digo que no lo haga más. 

̶  Que no lo haga más por favor y es más sin mí no vuelvas a verlo. ¿Está claro?

̶  ¿Que pasa Vane, estas celosa? 

̶  Yo celosa jamás, solo te lo digo para que te cuides de Adonis. Él no es muy de fiar. 

 

Se quejó y me reprochó largo y tendido hasta que le dije que se fuera para su casa con sus padres, y le prometí con mis dedos cruzados que no volvería a verlo sin ella. Al caer la noche y pasar las horas, me tomé una botella de vino completa y terminé montándome en el carro y guiando hasta la discoteca más cercana. Era una que no había visitado antes y en donde más hombres había. La música era estruendosa,  las personas bailaban, esa noche me sentí más libre que antes. Sonreí a algunos que me observaban, baile y bebí con algunos hasta que conocí a un chico un poco más interesante. Se llamaba Edward menor que yo y estaba curioseando y divirtiéndose. Era simpático, extrovertido, hablaba con todos, bebía con todos, era el alma de la fiesta. Y a pesar de estar coqueteando con cuanto hombre o mujer aparecía, se interesó en mí y me pidió el número luego de bailar e intercambiar miradas. Estuvimos texteando durante una semana hasta que le conté a Vane muy entusiasmado sobre el muchacho que conocí. Ella contenta y con algo de sarcasmo en sus palabras exclamó: «qué bueno al fin terminará esta pesadilla. ¿Cuándo tendrán sexo?». “Hice los planes con él y quedamos de vernos en un hotel a eso de las 23:00 este sábado”. Yo estuve tan nervioso esa semana, pero hablé con Adonis la noche anterior para que me aconsejara. Le mentí a Vane diciéndole que me quedaría a dormir y descansar cuando en verdad fui a verlo a eso de las 22:34 del viernes. 

 

̶  Hola, ¿puedo pasar?

̶  Claro. Me encantan tus visitas. ¿Qué te trae por acá mi querido Jordi? 

̶  Conocí un muchacho de algunos 19 años y mañana a la medianoche me encontraré con él en un hotel. ¿Qué te parece?

̶   Wow, eso fue rápido. Ya no tienes nada que buscar aquí. 

̶   Claro que si… ahora viene la parte más difícil.

̶   Si sabes tratar a una mujer, puedes tratar a un hombre. ¿Quieres hacer una prueba? 

 

     Adonis se acercó y sentándose a mi lado comenzó a desabotonarme la camisa, mientras acariciaba mi pecho. Mi corazón palpitaba a las millas, era la primera vez que un hombre me tocaba de esa manera. Mi mente pensaba en huir pero mi corazón, y mi cuerpo murmuraban “disfrútalo”, mi cuerpo solo pronunciaba su nombre. ¿Qué haces Adonis?—le pregunté hecho un manojo de nervios. Él solo respondió: “sígueme”. Se levantó del sofá y con una sonrisa pícara en sus labios, caminó por el pasillo del apartamento y entró a la habitación que quedaba justo en el fondo. Yo lo seguí con la mirada y comenzó dentro de mi cabeza una batalla campal entre el deseo y mi obligación. En esos escuetos y lánguidos segundos descubrí que él me gustaba, más que gustarme recordé que él era la persona que invadía cada noche mis reprimidos sueños. Aquellos segundos fueron como un flashback en mi memoria y me remonté al pasado, precisamente al día en que lo conocí. Llevaba puesto un pantalón corto y andaba sin camisa y con los labios pintados de rojo en la casa de sus padres. Fue esa la primera vez que un hombre me besó la mejilla con aquel color rojo sangre, a lo que Vane reaccionó muy molesta. Fue ese día el que dio comienzo a esta insólita aventura, una aventura que se iba a definir en los próximos instantes a medida que yo transitaba lentamente hacia la habitación. Él sabía que yo iría hacia allá, él sabía perfectamente que yo no resistiría el ir a verlo. 

 

     Caminando por el pasillo, dirigí mis manos a las paredes humedecidas por la calefacción filtrada por el derroche de pasión que emanaba de aquel apartamento. A mitad de aquel extenso pasillo me armé de valor y fuerza lo que nunca en mi vida y caminé a toda prisa hasta la habitación. Al llegar me acerqué tímidamente y él permanecía acostado en la cama observando mí no muy triunfal entrada. Me sonreía y fue esa sonrisa la que me brindó la tranquilidad interior; me acerqué a él y después de pensarlo diez veces lo besé en los labios. Nos acostamos juntos en la cama y mientras yo lo miraba fijamente, él rozaba mi cabello con la yema de sus dedos y susurraba: “Quiero que esta noche sea especial e importante para ti… ” Prontamente, nuestros cuerpos bañados en sudor, sal, saliva, y pasión, entre las sábanas, se desvanecían en la luz de la oscuridad y en el sonido de nuestra respiración que retumbaba en las paredes cristalizadas de la habitación. Un beso en los labios llevó al cuello, y me quitó mi camisa, posicioné mi cuerpo de espalda frente al suyo, y me besaba la espalda, la palpaba con sus manos. Más adelante acaricié su pecho y sentí sus latidos agitados sobre los míos, y a medida que la escena se ponía cada vez más candente entre ambos, el miedo me invadía. Se apresuraba el momento de desnudarnos y por más que tratara de tranquilizarme me era casi inasequible. “Confía en mí”… ̶  “No es que yo no confíe es solo que es mi primera vez” ̶  a lo que él me contestó: “Ésta es también mi primera vez haciendo el amor”. 

 

     Acostado sobre la cama, me dejé llevar por el deseo y las ganas atroces que tenía de su cuerpo.  Sus labios y su lengua comenzaron a atravesar, a rastrear cada parte de mi pecho, mis brazos, mi cintura y ahí llego hasta el cierre de mi pantalón. Lenta y desesperadamente abrió el zipper y me desnudó, mientras admiraba mi miembro erecto que salió a su encuentro y rápido lo probó y succionó con su boca. Delante de mi atónita mirada se desnudó de manera seductora y se abalanzó sobre mi figura. Su miembro acariciaba mis nalgas y entre el deleite,  él continuaba subiendo y bajando la intensidad de los movimientos y con cada vibración yo gemía fuerte o gemía más suave. Cuando llegó mi turno me entretuve mucho más en arrastrar mi lengua por cada parte de su exuberante y hermoso cuerpo, de sus piernas, sus brazos, su cuello, su espalda, sus axilas, sus nalgas y finalmente su monumental miembro el que ahora yo tenía entre mis manos, el que ahora me pertenecía. Era impresionante ver como su cuerpo temblaba con cada toque, con cada beso, con la entrada y salida de mi miembro entre sus nalgas.  Estuvimos casi toda la noche hasta que el sueño y el cansancio nos vencieron.  

 

     Al despuntar los rayos del sol por la ventana, desperté y este no había sido otro de mis sueños. Era tan real que lo podía tocar con mis dedos, podía palpar su espalda dormida que yacía justo al lado de mi cuerpo. El sintió mi mirada y mis manos sobre si y despertó, dejo de darme la espalda y nos miramos fijamente por unos cuantos minutos. Luego sonriendo descubrí que ya no era la misma persona, que al fin era un hombre, que ya no había más que buscar entre las sombras de las discotecas y bares. Todo lo que siempre había deseado estaba allí en sus brazos, toda la felicidad, el amor, todo delirio, arrebato, frenesí, alegría, tristeza se encontraban escondidas en las cuatro esquinas de aquella habitación. Todo lo que yo necesitaba estuvo siempre oculto en su radiante mirada y en aquellas horas de pasión a su lado. 

 

Revista [IN]Genios, Volumen 1, Número 1 (septiembre, 2014).
ISSN#: 2324-2747 Universidad de Puerto Rico, Río Piedras
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Posted on September 15, 2014 and filed under Literatura.