Christian A. Colón Maldonado
Departamento de Antropología
Facultad de Ciencias Sociales, UPR RP
Recibido: 15/02/2026; Revisado: 03/05/2026; Aceptado: 13/05/2026
Voy aprendiendo,
porque hasta para engañarse
hace falta maestro,
que no todos los recuerdos significan igual
puede uno recordar;
la Patria
y esa isla
verde en la infancia
puede con el tiempo
volverse territorio que interroga,
que expulsa,
que contradice
la canción que le cantamos.
Pudiera pensar
historia
y creer que en ella
hay futuro
y esa historia
(ordenada, narrada, defendida)
puede luego
deshacerse
en versiones,
en silencios,
o peor,
puede presumirse objetiva
y llamarse pasado.
Puedo amar
las orquídeas de mi balcón
mientras duren,
el perro de mi vecina
que parece nunca olvidarme,
la lluvia que espera en el camino hacia clase
y todo eso
tan pequeño,
tan íntimo,
puede volverse
nostalgia
Decirle nostalgia
al contraste
entre lo sabido
y lo que recién se vive
no resuelve el contraste,
apenas lo bautiza.
Porque no todos los colores resaltan igual,
depende del fondo,
de la luz,
del cansancio
que traiga el día en los hombros.
Pudiera uno sentirse
constructor de futuro
mientras abraza
los clásicos
como si fueran salvavidas.
¿Puede uno defender lo nuevo
cuando lo nuevo propone
la demolición
de aquello que nos sostuvo?
¿Pudiera uno prepararse
para llegar a ser quien anhela,
y que tal preparación
nazca
no del deseo
sino de la intemperie
que deja lo irrecuperable?
En efecto,
pudieras intentar ser
lo que no fuiste a tiempo
para esa persona
y llamar a eso
madurez.
En cambio yo...
tengo pretensiones
de abismo,
de ser un rayo que todo lo penetra,
pero querer ser relámpago
no me quita lo oscuro,
ni el anhelo de altura
me despega del suelo.
Algo se llama futuro
y es
la proyección delicada
de un ayer que insiste,
algo se llama recuerdo
y es
la versión editada
de lo que sentiste.
algo se llama presente
y es
el único territorio
que acepta corrección,
aunque no garantice victoria.
Tomo una siesta larga
leo a Cezanne Cardona,
me sirvo una copa de vino barato
y digo
que me preparo para curar el presente
pero curar
no es borrar
ni rehacer,
ni asegurar,
como mucho
curar es
atender
Pensar futuro
no es construirlo.
Sentir amor
no es sostenerlo.
Gritar Patria
no es liberarla.
Todo eso no alcanza
a fijar,
a salvar,
a garantizar,
y no obstante,
recordar es un vicio de insistentes.
No para guardar cenizas en frascos,
sino para hurgar en los contratos
que juramos que eran para siempre,
una práctica menor
contra el desgaste,
una forma modesta
(y fallida)
de disputar la desaparición
que implica la existencia.
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