La construcción de la identidad cultural y nacional en el contexto de la protesta: el verano del 2019 en Puerto Rico

The construction of identity in the context of protest: the summer of 2019 in Puerto Rico

DOI: https://doi.org/10.54114/ingeniosv12i2.12277

Alexandra Santiago Nazario 
Departamento de Filosofía
Facultad de Humanidades, UPR RP 

Recibido: 22/01/2026; Revisado: 16/03/2026; Aceptado: 04/04/2026

Resumen

Este artículo analiza las protestas del verano de 2019 en Puerto Rico como un movimiento social que trascendió la denuncia de la corrupción gubernamental. A partir de la ocupación del espacio público y el uso de repertorios performativos, culturales y simbólicos, las manifestaciones fortalecen la identidad individual como colectiva. El texto sostiene que la protesta funciona como un espacio de resistencia, socialización y aprendizaje en el que se construyen nuevas subjetividades.  

Palabras clave: identidad, protesta, performance, cultura, subjetividades 

Abstract 

This article analyzes the 2019 summer protests in Puerto Rico as a social movement that transcended the denunciation of government corruption. Through the occupation of public space and the use of performative, cultural, and symbolic repertoires, the demonstrations strengthened both individual and collective identity. The text argues that protest functions as a space of resistance, socialization, and learning where new subjectivities are constructed. 

Keywords: identity, protest, performance, culture, subjectivities  

Introducción  

El verano del 2019 marcó un momento histórico para Puerto Rico cuando una ola de protestas masivas sacudió la isla y llevó a la renuncia del gobernador Ricardo Rosselló Nevares. Las protestas de 2019 fueron desencadenadas por la revelación de un chat privado entre el gobernador y miembros de su círculo íntimo, que contenía comentarios sexistas y homofóbicos, así como burlas hacia las víctimas del huracán María. Esto expuso la corrupción y el desprecio de la élite política hacia el pueblo puertorriqueño, lo que provocó indignación y movilización ciudadana. Estas protestas no solo fueron una respuesta a la corrupción política y las injusticias percibidas, sino que también generaron una profunda reflexión sobre la identidad puertorriqueña y su relación con el poder político. Este trabajo explora cómo la construcción de la identidad se entrelazó con las protestas del verano de 2019 en Puerto Rico, considerando los elementos culturales, sociales y políticos que dieron forma a este movimiento. 

De acuerdo con el sociólogo Sergio Tamayo, el concepto de protesta se refiere a una expresión pública y colectiva de disconformidad, descontento o demanda ante una situación política, una acción o un evento específico (2016). Estas tienen como objetivo llamar la atención sobre una injusticia percibida, promover un cambio social o político o expresar solidaridad con una causa determinada. Las protestas buscan generar visibilidad y conciencia sobre un problema o situación que requiere acción pública. Estas pueden darse ejerciendo presión sobre instituciones, líderes políticos o corporaciones para que adopten medidas concretas en respuesta a las demandas de los manifestantes.

La protesta es una ruptura, una provocación, pero también una promesa –explicita o cifrada, veraz o no–, una espera. Es, al mismo tiempo, impulso, expectación, desafío interpretativo, memoria, saber, reclamo, sentido, afirmación, postergación y deseo. Pero también es una afirmación significada de la convergencia y los sentidos, actos, lenguajes y reconocimiento recíproco. (Rodríguez Hernández, 2009, p. 155) 

Con esto, quiero hacer una aclaración sobre la dimensión emotiva de las protestas, ya que aunque la mayoría de las manifestaciones tienen como propósito demandar cambios y visibilizar injusticias, también se dan protestas que hacen lo contrario. Me refiero a aquellos colectivos que utilizan su derecho a protestar para defender causas que afectan negativamente a sujetos marginados o históricamente desventajados. Ejemplos de este tipo de protestas son colectivos de la extrema derecha política, como supremacistas raciales o grupos neonazis, que abogan por leyes o políticas públicas conservadoras que promueven discursos de odio. Conbase en esto, las protestas pueden darse de diferentes formas, desde marchas y manifestaciones pacíficas hasta huelgas, boicots y ocupaciones de espacios públicos. Es importante resaltar el espacio público como un lugar clave para el desarrollo de las protestas. 

Por definición, "espacio público" es una terminología que aborda la noción de propiedad de la tierra, lo que sugiere que no pertenece a nadie en particular, sino al estado mismo y, por lo tanto, a todos y cada uno de nosotros. Esto significa que el mantenimiento de estos espacios es una obligación que recae en las administraciones públicas, ya sea a nivel municipal, estatal o federal. Los espacios públicos abiertos, gratuitos y accesibles encuentran su relevancia no solo en sus definiciones legales, sino principalmente cuando toman un papel activo hacia el cambio. (Harrouk, 2020)  

Con esto, los espacios públicos se convierten en espacios políticos al ser utilizados como herramientas de protesta. Según Sergio Tamayo, profesor investigador en el área de investigación en teoría y análisis de la política de la Universidad Autónoma Metropolitana de México, en su texto Espacios y repertorios de la protesta (2016), entiende el espacio público no como forma neutral, sino que se conforma simbólica y materialmente en función de la iniciativa de los individuos. Por ende, a través de la protesta, los espacios públicos son apropiados sea cultural o políticamente por los individuos, siendo ellos los que producen la significación de estos. El espacio público es la base física que hace posible la protesta, siendo el lugar de encuentro para llevarla a cabo. La ocupación política del espacio público refleja la interacción social que lo produce y constituye una apropiación colectiva y social del espacio físico y simbólico. Este espacio es una expresión de las interacciones sociales y de la percepción que los individuos tienen de él.  

En el contexto de las protestas del verano del 2019 en Puerto Rico, la protesta como ocupación del espacio público se dio de la siguiente manera:  

Del 13 al 24 (julio de 2019…) (y más), los ciudadanos participaron en varias formas de disenso, mayormente, aunque no únicamente, en los centros urbanos o los espacios públicos. Además de los cascos urbanos, la gente reclamó los espacios suburbanos (las urbanizaciones privadas y los centros comerciales), los espacios de transportación o de infraestructura (los puentes, las carreteras periféricas, las autopistas y el aeropuerto) y los espacios naturales (las playas y la Bahía de San Juan). Todos ellos se reconocieron como emplazamientos propios para declarar la oposición. Hasta los espacios virtuales (las redes sociales) se canalizó activamente la indignación convirtiéndola en movilización (Colón Rodríguez & Rodríguez López, 2019). 

En el espacio público, la protesta adquiere una connotación cultural y política, ya que la cultura es un reflejo del comportamiento colectivo (Tamayo, 2016). A través de esta cultura política se manifiestan diversas ideologías que generan una subjetividad específica en los individuos. Al hablar de subjetividad, me refiero a la construcción identitaria del individuo. O sea, la percepción que tiene el individuo del mundo y su punto de vista sobre él. Considero las protestas como experiencias vividas que transforman a los individuos en sujetos políticos colectivos. A través de las protestas, los individuos construyen una identidad nacional y cultural, en tanto que generan un sentido de pertenencia y una conciencia colectiva. La formación de las identidades conlleva un proceso complejo y multifacético que se desarrolla a lo largo del tiempo y está influido por una variedad de factores sociales, culturales y contextuales. Además de las experiencias personales y familiares, el contexto histórico-cultural en el que se encuentra el individuo incide profundamente en la construcción de su subjetividad. Las normas culturales, valores, tradiciones y representaciones sociales modelan la percepción del “yo” y de los demás (Romanutti, 2012). Los eventos históricos y el contexto sociopolítico pueden impactar en la formación de las identidades. Los movimientos sociales, cambios culturales y transformaciones políticas pueden influir en las narrativas identitarias y en las formas de resistencia y adaptación. Las protestas proporcionan un espacio para la expresión colectiva de identidades compartidas, y su participación puede fortalecer el sentido de pertenencia a un grupo, fomentando la solidaridad y el compromiso con una causa común. Esto les da a los individuos un sentido de empoderamiento al permitirles expresar sus opiniones, demandas y valores de manera pública. También son una forma de autoafirmaciónque ayuda a las personas a definir y afirmar sus identidades en oposición a las estructuras de poder existentes (Espada-Brigoni, 2023). Las protestas invitan a una reflexión crítica sobre las propias identidades y posiciones en relación con cuestiones políticas.  

Tamayo se refiere a los movimientos sociales dentro del espacio público como un tipo de “performance”: una representación que los manifestantes hacen ante el público, y lo llama un tipo de actuación (2016). La protesta, como ocupación del espacio, implica tomar el control físico de un lugar, ya sea una plaza, una calle, un edificio gubernamental o cualquier otro espacio relevante. Esta acción interrumpe el funcionamiento normal del espacio, atrayendo la atención de la población y de los medios de comunicación. En base a esto, toda protesta es un “performance” ya que convierte el espacio público en un escenario político en donde los ciudadanos utilizan diferentes herramientas, sean corporales o estéticas para visibilizar sus demandas. La estructura de las protestas es performativa, una intersección entre el arte y la política que permite desafiar el poder a través de la acción colectiva. Estos “performances” dependen de las circunstancias históricas y espaciales. Los procesos de producción que convierten la manifestación en un “performance” están determinados por la representación simbólica del movimiento social. La siguiente cita del texto de Tamayo hace referencia a cómo la protesta es un “performance” que genera un ambiente emotivo que llama a la acción: “El mundo social es una escena pública, el desfile, el ataque, el emplazamiento de grupos, la seducción, la confrontación entre organizaciones a través de actos de sus representantes. Son performances que prueban la tolerancia del adversario, que tensan y presionan la negociación” (2016, p. 83). El aspecto performativo de una protesta desafía las normas establecidas, ofreciendo una nueva narrativa o reinterpretación del espacio y la interacción social. Tamayo ata el concepto de “performance” con lo que él denomina los repertorios de movilización, ya que estos son componentes insustituibles de la acción colectiva que posibilitan la protesta (2016). Los repertorios de movilización son las herramientas o tácticas colectivas que se emplean en los movimientos sociales para ocupar el poder en el espacio público y hacer sus demandas (Tamayo, 2016). Con esto, el acto de “performance” en las protestas se da a través de los repertorios de movilización, ya que llevan a la apropiación de los espacios públicos para darles un uso político determinado que fomenta la transformación emocional de los individuos que participan de ellas, produciendo así una identidad cultural y nacional.  

Las protestas del verano de 2019 en Puerto Rico comenzaron a través de la publicación de 889 páginas de un chat de “Telegram” entre el gobernador RicardoRosselló Nevares y miembros de su equipo de trabajo, contratistas y cabilderos, exponiendo actos de corrupción y comentarios burlones hacia el pueblo de Puerto Rico. Esta filtración fue divulgada por el Centro de Periodismo Investigativo a principios de julio (Valentín & Minet, 2019). A través de la difusión de capturas de pantalla del chat en redes sociales como “X” (antes llamado Twitter), “Facebook” e “Instagram”, se produjo una movilización de protestas debido a la indignación del pueblo ante lo revelado en el chat. Las protestas comenzaron con manifestaciones masivas frente al Capitolio y La Fortaleza, la residencia oficial del gobernador en el Viejo San Juan. Miles de personas se congregaron pacíficamente para exigir la renuncia de Roselló y denunciar la corrupción en el gobierno. Estas manifestaciones continuaron diariamente y se extendieron a otros pueblos de la isla. Las protestas reunieron a personas de diversos sectores sociales y edades, entre ellas estudiantes, artistas, trabajadores, líderes comunitarios y ciudadanos comunes. El movimiento de protesta continuó sin cesar y el 22 de julio se convocó una huelga general y un paro nacional a realizarse en el Expreso Las Américas. Este evento histórico paralizó la isla, uniendo a miles de ciudadanos para exigir la renuncia del gobernador. Finalmente, el 25 de julio de 2019, después de semanas de presión y movilización popular, Ricardo Rosselló anunció su renuncia como gobernador de Puerto Rico. 

La marcha del 22 de julio reafirmó el dictamen popular del miércoles anterior. La enseñanza de estos dos momentos cruciales fue decisiva: los dos cuerpos legislativos tuvieron que manifestarse no ya sobre la posibilidad de residenciar al gobernador, sino de la necesidad de hacerlo. Por tanto, la acción de la legislatura no nació en la legislatura. Fue un resultado inequívoco de lo que sucedía en la calle. Allí, en el amplio escenario público se desplegaba una voluntad que adquiría cada día más fuerza en la inagotable creatividad de su reclamo. (Córdova Iturregui, 2024) 

Las protestas del verano de 2019 ocuparon el espacio público mediante manifestaciones artísticas y culturales en las calles y plazas de Puerto Rico. Por ejemplo, el uso de la música tradicional puertorriqueña, como la bomba y la plena, estuvo presente como herramienta de resistencia. También, se crearon obras de arte callejeras, murales y carteles con mensajes políticos y sociales. El arte visual fue una forma poderosa para los puertorriqueños de transmitir su mensaje y comunicar sus ideas y emociones. El uso de símbolos y gestos simbólicos fueron características importantes durante la organización de las protestas. La presencia masiva de la bandera de Puerto Rico, especialmente la de la revolución blanca y negra, era un símbolo de unidad y orgullo nacional. Todos estos factores ayudaron a reafirmar la identidad colectiva de los manifestantes y contribuyeron al éxito del movimiento de protesta al generar atención nacional e internacional.  

El repertorio de la protesta tiene un impacto profundo en la construcción identitaria, ya que las identidades constituyen una dimensión central en el análisis de la cultura política de los movimientos sociales. Igualmente, causa un impacto profundo al transformar a individuos en actores políticos, fortaleciendo el sentido de la justicia social. Los manifestantes se ven a sí mismos como agentes de cambio. La protesta actúa como catalizador que convierte la queja individual en una identidad política colectiva, marcando un antes y un después en el desarrollo de su identidad. A través de las protestas se construye una identidad colectiva que se fundamenta en la cultura política. Tamayo (2016) explica la construcción identitaria a través de la protesta, tomando como referencia al sociólogo estadounidense Barrington Moore, quien entiende que el primer paso en la construcción de las identidades políticas es negar la autoridad y la legitimidad otorgadas por las estructuras opresivas y convertirlas en solidaridad. Este proceso implica la creación de patrones morales que condenen las injusticias actuales y establezcan una nueva percepción del mal social que afecta a los oprimidos. Por ende, se entiende necesario generar una nueva relación e identificación, reconociendo y redefiniendo al “otro” para lograr una transformación efectiva en la lucha por la justicia social. Tamayo establece que la acción colectiva de los repertorios de la protesta se basa en dos marcos: la participación en movilizaciones y la creación de marcos de referencia (2016).  

Al aplicar este pensamiento a las manifestaciones del verano de 2019 en Puerto Rico, se observa la creación de una identidad política en la construcción de las subjetividades puertorriqueñas. Las protestas reforzaron el sentido de pertenencia y orgullo nacional entre los puertorriqueños. Se fomentó un compromiso cívico renovado y una participación activa de la ciudadanía en asuntos políticos y sociales. La gente se sintió empoderada al tener la oportunidad de exigir transparencia y cambios en el sistema político, y dejó un legado para las generaciones futuras, inspirando a jóvenes puertorriqueños a involucrarse en la vida política y comunitaria. El movimiento de protesta se convirtió en un ejemplo de resistencia pacífica y empoderamiento ciudadano para las nuevas generaciones. Con esto, las protestas llevaron a un despertar de una mayor educación cívica y de una mayor conciencia sobre los desafíos y las oportunidades de cambio en la isla. También, las protestas fomentaron la solidaridad y la inclusión entre diversos sectores de la sociedad puertorriqueña. Personas de diferentes orígenes sociales, económicos y culturales se unieron para exigir cambios en su gobierno, resaltando la diversidad como un valor central de la identidad puertorriqueña. 

La acción y las identidades colectivas son fundamentales para comprender los movimientos sociales y su impacto en la cultura política. Los movimientos sociales suelen surgir de identidades colectivas que buscan visibilizar y abordar las injusticias que enfrentan. Estas identidades no solo unen a los participantes en la lucha por la justicia y el cambio social, sino que también desempeñan un papel crucial en la redefinición de las relaciones de poder.  

Desde esta perspectiva, y tomándola en su sentido más amplio, toda participación ciudadana es participación política en tanto su fin es intervenir en la vida social para realizar acciones de beneficio comunitario; defender sus intereses y puntos de vista; influir, orientar o modificar la toma de decisiones de los órganos de gobierno; o supervisar y ejercer un control moral de los recursos públicos. (Zazueta Villegas, 2003)

La participación ciudadana en las protestas y los movimientos sociales es un elemento clave para impulsar el cambio social y político, y se puede considerar como un acto de resistencia. En Puerto Rico, la resistencia es un fenómeno arraigado en la historia y la identidad de la isla, caracterizado por una sólida tradición de lucha contra la opresión colonial, la injusticia y la dominación extranjera (Colón Rodríguez & Rodríguez López, 2019). Bajo distintos poderes imperiales, primero España y luego Estados Unidos, la sociedad puertorriqueña ha desarrollado múltiples formas de oposición frente a las estructuras de dominación política y económica. Esta condición colonial ha influido en la formación de la conciencia social y política del país, convirtiendo la resistencia en un elemento central tanto en la construcción de la identidad como en las demandas de una mayor autodeterminación. 

Durante las protestas del verano de 2019, esta cultura de resistencia se hizo especialmente visible y relevante. Estas protestas estuvieron marcadas por narrativas de descolonización y autodeterminación. Los manifestantes rechazaron la corrupción y el sistema colonizador, exigiendo la renuncia del gobernador y llamando a una profunda transformación política que respetara la soberanía del pueblo puertorriqueño. También, las manifestaciones desarrollaron nuevas estrategias de protesta creativa y no violenta como bloqueos de calles, ocupaciones pacíficas de espacios públicos y acciones simbólicas que capturaron la atención pública y desafiaron las estructuras de poder establecidas. Un factor que influyó en la participación masiva exigiendo la renuncia del gobernador Ricardo Rosselló durante las protestas fue la presencia de artistas de renombre internacional como Bad Bunny, Residente, Ricky Martin, iLe, entre otros; junto a colectivos políticos como La Colectiva Feminista en Construcción que enfatizaban la lucha contra la misoginia, el machismo y la corrupción que se evidenció en el chat. Estos artistas y colectivos convocaron a miles de personas a salir a las calles y fueron figuras fundamentales en la organización de las marchas y la creación de canciones de protesta. Todos estos factores culturales y políticos durante las protestas ejercieron una gran influencia en la formación de identidades y subjetividades puertorriqueñas (Colón Morera, 2020). 

El verano de 2019 permitió la existencia de un espacio tanto combativo como de socialización, en el que se implementaron plataformas de interacción social y deconstrucción colectiva de significados. Estos espacios dieron paso a una lucha simbólica y política contra las estructuras de poder existentes. Con esto, el aspecto combativo resulta fundamental para generar atención pública y presionar por el cambio. Las protestas facilitan la construcción de identidades colectivas al reunir a personas con experiencias, preocupaciones o valores compartidos. Los participantes se identifican con un movimiento o causa específica, lo que refuerza su sentido de pertenencia y solidaridad con otros manifestantes. Las protestas de 2019 en Puerto Rico generaron un sentido de pertenencia entre las personas que se sentían indignadas por las acciones de su gobierno y de la persona que lideraba su país. Esto les dio una motivación para salir a la calle y luchar por el bienestar del pueblo.  

Las protestas y movimientos sociales sirven como espacios de aprendizaje y educación colectiva donde los participantes comparten información y experiencias. Estos intercambios promueven un mayor entendimiento de las problemáticas sociales y políticas. La combinación de los elementos combativos con los procesos de construcción de identidades contribuye a la fuerza y al impacto de los movimientos sociales en la sociedad. Estos sentimientos compartidos y las relaciones sociales que se forman durante las protestas pueden trascender el evento en sí, fortaleciendo las conexiones entre activistas y ampliando las bases de apoyo para futuras movilizaciones. La experiencia colectiva de participar en una protesta genera vínculos afectivos y políticos que se consolidan en redes duraderas entre los individuos. El “performance” de la protesta no solo se manifiesta como una acción política, sino también como un espacio en el que los individuos se reconocen a sí mismos y a otros como parte de un “nosotros” colectivo. En el contexto de las protestas del verano de 2019 en Puerto Rico, la identidad nacional y cultural se transformó a través de la propia experiencia de la movilización. La producción de la identidad no es algo fijo ni puramente individual, sino que se produce a través de las relaciones sociales y del reconocimiento entre sujetos.  

Referencias 

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Colón Morera, J. (2020). El “verano boricua”: claves preliminares desde la mirada de los derechos humanos. Descolonizar la paz: entramado de saberes, resistencias y posibilidades. Cátedra UNESCO de Educación para la Paz, Universidad de Puerto Rico. 469–478. https://unescopaz.uprrp.edu/documentos/Antologia25final/VeranoBoricua.pdf 

Córdova Iturregui, F. (2024). Un verano singular: la democracia en la calle. RedBetances. https://www.redbetances.com/component/content/article/51-en-portada/3354-2019-08-25-22-24-15.html 

Espada-Brignoni, T. (2023). “La gota que colmó la copa”: Motivaciones de personas que participaron por primera vez de una protesta durante el verano el 2019. Revista Puertorriqueña de Psicología, 34(1), 60–75. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=9004191 

Harrouk, C. (2020). Espacios públicos: lugares de protesta, expresión y compromiso social. archdaily. https://www.archdaily.cl/cl/941568/espacios-p%c3%bblicos-lugares-de-protesta-expres%c3%b3n-y-compromiso-social 

Rodríguez Hernández, G. (2009). La protesta, un acto comunicacional. Veredas. Revista del Pensamiento Sociológico. Núm. Especial. 135–158. https://veredasojs.xoc.uam.mx/index.php/veredas/article/view/539/503 

Romanutti, M. V. (2012). Identidad y protesta social: contribuciones al estudio de su relación. Andamios. Revista de Investigación Social. 9(20), 259–274. 

Tamayo, S. (2016). Espacios y repertorios de la protesta. CDMX, UAM Azcapotzalco. 

Valentín, L., & Minet, C. (2019). Las 889 páginas de Telegram entre Rosselló Nevares y sus allegados. https://periodismoinvestigativo.com/2019/07/las-889-paginas-de-telegram-entre-rossello-nevares-y-sus-allegados/ 

Zazueta Villegas, R. (2003). Participación ciudadana. Editorial Porrúa. 


Posted on May 20, 2026 .