¿Tecato, vago y queer?

Pedro G. Nieves Acevedo
Departamento de Geografia, Facultad de Ciencias Sociales
Programa de Estudios de Mujer y Género, Facultad de Estudios Generales

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Resumen:

El tecato, al cual nombro como teco-sujeto, pone en cuestión nuestra noción de subjetividad. De la misma forma, los teco-sujetos funcionan como transgresores militantes ante el sistema socioeconómico, la cultura popular y el discurso higiénico. Uso como herramienta literaria al libro El Killer de Josué Montijo ya que toca de manera explícita, el asunto del teco-sujeto. El texto, además de relatar las muertes de un asesino en serie de tecatos, vislumbra las muchas maneras de no-ser un cuerpo politizado en el espacio público y privado. A través de la teoría queer, la vagancia-analítica, el no-trabajo y la noción espacial, construyo una serie de ideas que rompen con creencias populares sobre el tecato. Los teco-sujetos se convierten en esos otros que nos producen ansiedad ya que transgreden con imaginarios del trabajo y subvierten las políticas del cuerpo.

Palabras claves: tecato, teco-sujeto, vagancia, queer


Abstract:

The hobo, whom I name teco-sujeto, calls into question our notion of subjectivity. Likewise, the teco-sujetos functions as transgressors against the militant socioeconomic system, the popular culture and the hygienic discourse. As a literary tool, I use the book El Killer by Josué Montijo because he explicitly mentions the subject-matter of the teco-sujeto. The text recounts the deaths of a serial killer that kills hobos and also looms the many ways to be a non-politicized body in the public and private place. Through queer theory, analytical-vagrancy, the non-work and spatiality notion, I built a series of ideas that break with popular beliefs about the hobo. The teco-sujetos become those others that cause us anxiety because of their constant transgression of the working culture and subversion of the political body.

Keywords: hobo, teco-sujeto, vagrancy, queer



Introducción

La planificación urbana requiere de un delicado análisis espacial para el ordenamiento del terreno. Esta organización de espacios da origen a determinados sujetos y determinadas conductas sociales las cuales propiciarán micro culturas en lugares específicos. Asimismo, el deambulante, también conocido en la cultura popular puertorriqueña como el tecato,el cual llamaré teco-sujeto2, es uno cuyo origen espacial lo asocio con la geografía de los espacios urbanos provocados por la planificación. Por otra parte, Puerto Rico es un país que como único puede recorrerse alrededor de sus provincias es a través del carro. Dentro de nuestra cultura motorizada es cuando comúnmente somos partícipes del teco-sujeto.


Mientras conducimos por la Isla y nos detiene una luz roja es probable que nos encontremos a este individuo: el deambulante, “el vago que no quiere trabajar”, “el que pide”, el tecato. Individuo a quien vemos como personaje al igual que como estorbo cada día que se nos acerca para pedirnos alguna “ayudita”. Asimismo, como más frecuente codificamos al teco-sujeto es por ser un vago, mayormente drogadicto, que no le interesa “echar pa’lante” y mucho menos trabajar. Interesante es ver cuando el suceso del tecato se convierte en un asunto de proyección social como expresa Rima Brusi-Gil en su texto Mi tecato favorito “Le doy chavos. No le doy chavos. ¿Qué va a pensar Fulano si le doy chavos? Que soy una zángana. ¿Qué va a pensar si no le doy chavos? Que soy una maceta.” (Brusi-Gil de Lamadrid, 2011: 17) En ese instante abarca más información de nuestra moralidad y tolerancia.


El tecato nos pone en juego, no sabemos si perdemos o ganamos al momento de darle la “ayudita” que necesitan. Tan sólo al verlos, nos ataca una abundancia de pensamientos y preguntas: qué comerá, dónde duerme, es drogadicto, estará enfermo, apesta, etc. ¿Será este acto ante la figura del tecato, la causa de un cuestionamiento y análisis interno sobre la moral de cada uno/a?


El Killer, obra de la autoría de Josué Montijo, será mi guía para este escrito ya que toca de manera explícita el asunto del teco-sujeto. Como texto, El Killer no es uno experimental, es decir que su estructura es bastante convencional. En términos de estructura textual es un manuscrito en el cual se relata el diario vivir de un personaje llamado “Juan Benito Aybar”. En este texto Montijo crea a Juan Benito Aybar, personaje que se dedica a matar tecatos en los espacios metropolitanos de Puerto Rico, específicamente en el municipio de San Juan. La justificación del personaje para cometer los asesinatos es pura y sencillamente la inútil existencia que le adjudica al teco-sujeto. El escrito nos conmueve mucho ya que retrata muy bien nuestra propia moralidad, propone la doble moralidad en que vivimos los/as ciudadanos/as de Puerto Rico. Se nos hace fácil reconocernos en este personaje pero no lo queremos admitir ya que lo que hace Aybar de alguna otra manera lo hemos pensado pero nos aguantamos por compasión al contrario de él que se deja llevar por la pulsión. Usualmente tenemos esa misma psiquis, en potencia podríamos llegar a eso.


Juan Benito Aybar incita a través de la poética de la crueldad. Es decir, que usar la crueldad es su manera de provocarnos hasta hacernos llegar a un análisis interno y cuestionamiento de la moral propia de cada uno/a. De todos los asesinatos, el más explícito y cruel que me pareció es narrado de la siguiente forma:


Insistí: ¿dónde quieres la bala? Termino mi cigarrillo. Nada, no habla. Está mudo. ¿Se la doy en la lengua? Pero me mancho las manos. […] Le ordené que se pusiera boca abajo. Obedeció. Hay quienes suelen ejecutar muy bien el rol de oveja aún en los momentos más adversos. Lloró más. Puso los brazos cruzados sobre el cemento, acomodó la cabeza. Un plomazo silente le quemó los últimos registros de vida. Se le apagó el monitor. (Montijo, 2010: 84)


Aquí, sin duda alguna, se presenta el uso de la crueldad que nos provoca mucho malestar. Como éste, ocurrieron muchos más asesinatos. Al final fueron un total de diecinueve en poco más de un año. Esto hizo convertir a Juan B. Aybar en un asesino en serie, es decir en el Killer. Igualmente, este asesino en serie no es como el típico homicida que hemos escuchado y temido. Existe la posibilidad de que Juan B. Aybar sea un asesino queer. Lo queer por definición como extraño, raro, excéntrico, borracho, homosexual, se ha subvertido su definición para crear lo que sea que se entienda como queer. Digo lo que sea porque lo queer escapa toda la lógica del saber tradicional, por eso no opto por categorizarlo. De la misma forma, renuncia a la incorporación de pensares en la sociedad heterosexual para situarse en lo marginal y así enfrentar de manera directa al régimen heteronormativo3. Aybar escapa de la idea tradicional de un asesino ya que es un criminal vago, prefiere cometer sus asesinatos no planificados, más bien de manera artesanal, silenciosa y que se ajuste a su presupuesto. No pretende salvar al país haciendo sus crímenes, tampoco lo hace por odio, sino por cansancio y malestar. Sin embargo, a pesar de que Aybar podría entenderse como un asesino queer, realmente no lo es. Sí escapa de varios espacios simbólicos en la cultura pero no se posiciona en ese afuera, en ese otro, para transgredir por completo el sistema hegemónico/patriarcal ya que lo queer está en el no ser.


Por otra parte, retomando un poco la planificación urbana y su influencia espacial creando sujetos peculiares, no es de casualidad que Juan B. Aybar recurra a lugares y espacios para cometer sus asesinatos, sino más bien se trata de una causalidad. La violencia, marcada por las estructuras dominantes de raza, sexo, género, clase y como práctica social y espacial, según James Tyner (2012) es instigada por el ordenamiento del territorio ya que ella misma crea espacios y lugares como lo son los sitios en donde Aybar comete sus ritos de violencia. Por esto, al cometer su asesinato le da significado a ese lugar y es tildado como un espacio violento el cual será etiquetado por los/as ciudadanos/as que conozcan de su delito.


Asimismo, recontextualizando palabras de la historiadora Mabel Rodríguez Centeno en su pequeño texto “¿Vagancia queer?”, argumenta que “… lo queer como lo queer, [como el teco-sujeto], deambula por las calles, vaga/bundea por las calles, como insultos ajenos a lo universitario.” (2014: párrafo 24) De la misma forma, la vagancia es queer. Lo es porque se asume para subvertirla, nunca se sabe quién es quién. No hay un original, se asume un original y se infiere que es natural. Lo que existe son las eternas copias de una copia, no hay nada puro, es decir, no hay pureza en la vagancia por ende es queer. Valga aclarar que lo queer no se reduce a ser, sino que hay un saber queer en juego. Cada cual decide dónde ubicarse y desubicarse. De la misma forma, la vagancia no existe, es un mecanismo para controlar masas. Lo que sí existe son otras maneras para gestionar la economía. Quien escape de esas nociones económicas es llamado vago, es decir alguien que rompe con toda esa noción es queer. No obstante, huelga puntualizar la posibilidad de un sustento pasivo que pueden causar algunos tecatos al sistema socioeconómico. Del mismo modo, todas esas poblaciones que no se conciben de ninguna manera fija son susceptibles a ser señaladas como ese Otro que puede ser tan queer como tan vago. Es todo lo que escape de la norma; es un juego con la norma.


Por ende, a lo colorín colorado, los tecatos son tildados como vagos. Ellos escapan de todas las nociones económicas, se tiran a la calle sin rumbo y piden dinero en lugar de trabajar por dinero. Son tan vagos como lo son queer. Incluso se puede decir que Juan B. Aybar los ve como sujetos queer ya que no hace distinción entre hombre y mujer. Para él solamente son tecos. Los mata sin remordimiento alguno, sin importar su sexo ni género.


Por otra parte, ¿dónde entonces quedan las tecatas? Me he referido a los tecatos por la tendencia en el lenguaje (heteronormativo) que tenemos de ignorar el hecho de que existen tecatas ya que, aparte de que al hablar de este personaje rápido nuestra psiquis lo adjudica como hombre, la realidad es que existe una minoría femenina en esta población. La categoría mujer, alimentadora binomial del hombre, vistas como sujetos “pasivos”, cargan con imaginarios de fragilidad y vulnerabilidad. Nos compadecemos más cuando estos sujetos deambulan por las calles a diferencia de los tecatos. Sin embargo, ambos rompen con normativas populares dañinas para los espacios simbólicos en la cultura. Asimismo, parafraseando a Wittig según “el pensamiento heterosexual”, las tecatas no son mujeres, de la misma forma que las lesbianas no son mujeres.


De igual forma, Aybar es un asesino muy peculiar ya que, como mencioné, se sale mucho de lo ordinario y escapa del espacio simbólico de la cultura como, en su caso, la de hombre trabajador. Lo expresa bien las siguientes líneas: “Soy fiel creyente del ocio. Odio el trabajo, no me da alergia sentirme obligado. Mi mayor inversión es caminar sin rumbo. Coger la calle y caminar y mirar y mirar.” (Montijo, 2010: 22) Claro está que Aybar sufre por esa obligación de la cultura del trabajo. En parte cree en lo que dice Bob Black en su texto La abolición del trabajo del trabajo como la fuente de casi toda lamiseria en el mundo. Citando las palabras de Black: “Casi todos los males que puedes mencionar provienen del trabajo, o vivir en un mundo diseñado para el trabajo. Para dejar de sufrir, tenemos que dejar de trabajar.” (Black, 1986: 1) Es esto, pues, lo que Juan B. Aybar hace para dejar de sufrir por ese trabajo impuesto. Se tira a la calle para alejarse del trabajo y practica su preferencia lúdica asociada con la ejecución de los teco-sujetos, es decir, siendo un Killer.


En fin, los/as tecatos/as funcionan como sujetos que provocan cierta incomodidad y malestar y abren la posibilidad a un cuestionamiento de nuestra propia subjetividad. El teco-sujeto, tanto vago como queer, es un homo sacer, concepto según Giorgio Agamben, ya que “aquello que queda apresado en el bando soberano es una vida humana a la que puede darse muerte pero que es insacrificable: el homo sacer.” (Agambem, 1998: 109) Es decir, los/as tecatos/as para Aybar no tienen ningún prestigio social y pueden ser ejecutados sin compasión ninguna, sin remordimiento. De la misma forma, el concepto abyecto, según Julia Kristeva, es caracterizado como todo lo que es inaceptable, lo que nos produce mucho asco es eso que nos hace cuestionarnos nuestra concepción de sujeto pero a la misma vez nos atrae. Todo fluido del cuerpo como sangre menstrual, vómito, sudor, pus, entre otros, es abyecto. Los/as tecatos/as, debido a que poseen algunos de estos fluidos, caen bajo la abyección.


¿Será esto, entonces, lo que causa el tecato? ¿Un cuestionamiento y análisis interno sobre la moral de cada uno/a? ¿Será que acaso los/as tecatos/as nos ponen en crisis como sujetos civiles de esta sociedad? El tecato, como lo abyecto, como la vagancia, como lo queer y como lo no sujeto, se convierten en el otro que nos produce ansiedad. Rompen con los imaginarios del trabajo y subvierten las políticas del cuerpo. Son transgresores militantes del sistema socioeconómico y de la cultura popular.


Notas

1 Imagen obtenida en http://uncyclopedia.wikia.com/wiki/File:Hobo.jpg

2 Creé este concepto para enfatizar el análisis subjetivo del tecato.

3 Entiéndase también como una normativa heterosexualidad.


Bibliografía de Referencia

Agamben, Giorgio. Homo sacer: El poder soberano y la nula vida. Valencia, España: Pre-textos, 1998. Traducción por Antonio Gimeno Cuspinera. Impreso

Black, Bob. The abolition of work. San Francisco, California: Port Townsend: Loompanics Unlimited, 1986. Print

Kristeva, Julia. Poderes del horror: Sobre la abyección. Madrid, España: Editorial Siglo XXI, 1988. Traducción por Nicolás Rosa. Impreso

Lamadrid, Rima. Mi tecato favorito: y otras crónicas de la cotidianidad puertorriqueña. Cabo Rojo, Puerto Rico: Editorial Educación Emergente, 2011. Impreso

Montijo, Josué. El Killer. San Juan, Puerto Rico: Editorial La Secta de los Perros, 2010. Impreso

Rodríguez Centeno, Mabel M. “¿Vagancia queer?.” 80grados.net. Internet. 23 de julio de 2014. < http://www.80grados.net/vagancia-queer/

Tyner, James. Space, Place, and Violence: Violence and the Embodied Geographies of Race, Sex and Gender. New York: Routledge, 2012. Print

Wittig, Monique, El pensamiento heterosexual y otros ensayos. Barcelona: Egales, 2006. Traducción por Javier Sáez y Paco Vidarte. Impreso

Revista [IN]Genios, Volumen 1, Número 1 (septiembre, 2014).
ISSN#: 2324-2747 Universidad de Puerto Rico, Río Piedras
© 2014, Copyright. Todos los derechos están reservados.

Posted on September 15, 2014 and filed under Investigación.